domingo, 6 de marzo de 2016

¿Y ahora a donde voy a ir?









Era un viernes por la noche llovía intensamente y hacía mucho frío, tomé mi abrigo que estaba colgado en la percha junto a mi librero, y me despedí de Nancy, sentí una sonrisa inusual, como si fuera la última, quizá fue porque en la tarde le había comentado que pensaba realizar un viaje a Ecuador,  intentaría hacer una nueva vida con el amor de mi vida mi Asoreth,  me disponía a salir de la oficina, quería pensar divagar, me encontraba muy solo, tomé el vehículo y salí a mil por hora, apretaba el acelerador quería sentir la brisa y de pronto, sentí de frente que me encandilaron y por fin..... tanta paz, aquella paz que siempre había anhelado, me sentía extraño, diferente. Me incorporé con una rara sensación de ligereza que no la había sentido sino cuando era muy joven, con esa energía rebosante de comerse el mundo.

Me olvidé de mi soledad de mis sufrimientos de mi dolor, pero que extraño 


!alcancé a mirar mi cuerpo inerte atrapado entre los fierros!.

¿Que había pasado..?

Yo estaba fuera de él y podía contemplar todo aquello que estaba pasando ahí en la carretera en medio de la lluvia.

¿Cómo era eso posible  si yo estaba de pie frente a  mi cuerpo ?

¿Estaba muerto..?

Miré como la patrulla cercó el lugar de un accidente brutal,  llegó una ambulancia yo estaba desesperado quería saber que pasaba, me intente acercar y preguntar al paramédico y no, nadie se fijaba en mi, sentí como atravesaban mi cuerpo, vi cómo mi cuerpo demasiado lastimado casi inerte  fue llevado en una ambulancia al hospital más cercano,  y como al llegar al hospital todos corrían como queriéndome salvar  la vida,  y yo lleno de pánico si saber que hacer corría por los pasillos de aquel hospital, quería entrar en mi cuerpo, pude ingresar al quirófano, vi como los médicos luchaban para intentar reanimarme, vi como mi familia llegó al hospital, estaba triste, Nancy mi asistente lloraba desconsoladamente, decía que me amaba,

¿Cómo era posible eso.?

¿Porque nunca antes lo dijo..?

ella era solo una amiga.

Así pasaron siete días hasta que me declararon  clínicamente muerto.

¡Estaba muerto!

Jamás imaginé que la muerte fuese tan absurda, tan frívola.

¿Y ahora?, ¿Qué se supone que debo hacer?,

Pero por Dios yo estaba aquí, me sentía vivo, más vivo que nunca, quería que los demás me vean, no quería morir, porque mi vida estaba a punto de cambiar, yo quería viajar a Ecuador quería volver a estar con el amor de mi vida, de la que la vida me separó  por mis tontos celos, que me causaba su poesía, quería encontrarme con Asoreth el amor de mi vida, aquella mujer que me había despertado las pasiones más intensas, aquella que me enseño a amar sin haberla tocado, aquella que estaba conmigo a pesar de la distancia, aquella que ame con delirio y que me amó, como nunca nadie antes lo había hecho, aquella que me había dedicado los poemas más tiernos, más tristes y más bellos, aquella de la que me namoré con una sola mirada y  con la juramos que nos amaríamos más allá de la vida y de la muerte.

!No, no podía morir!  no podía dejarla sola a ella, al amor de mi vida. 

Sin embargo comprendí que estaba muerto y que no podía hacer nada.

Pensaba que lo peor ya había pasado, pero no era así. Todavía faltaba el velatorio y el entierro. La noche fue muy larga y el día siguiente aún peor, pensé. Pero cómo decirles que no me entierren que yo estaba vivo y que debía viajar para encontrarme con mi amor del alma, pero mi cuerpo estaba inerte sin vida dentro de aquel ataúd vi como llegaban mis amigos mis conocidos.

Esperé y cuando la misa hubo acabado, acompañé mi cuerpo hasta el cementerio. 

Seguía lloviendo, como lo hizo el día anterior. Abrigados y protegidos con paraguas, mi familia (mi madre mis hermanos, mis amigos) rodeaba mi tumba esperando para darme su último adiós. Y yo simplemente no podía hacer nada, !estaba muerto!.

Ese momento me hubiera gustado saber que pensaba ella, mi Asoreth, 



!!Si lo sabía!!  Ella me había sentido, sabía que algo me estaba pasando, ella estaba en la playa,  su corazón le latía  aprisa estaba angustiada sin saber que pasaba en realidad y sintió como alguien  que no estaba en este plano terrestre ingresó a su alcoba, era yo, ella me había sentido porque  éramos almas gemelas, que veníamos de otras vidas y en otras vidas nos habíamos amado con locura.



El poder ver, escuchar, sin ser visto tenía sus ventajas.  Vi como en mi oficina Nancy buscaba en mis papeles tomó las contraseñas de mis cuentas personales de twiter  y facebook y leyó todo su contenido todas mis cosas más íntimas, no había derecho para semejante violación y escribió una nota, no sé si eso fue malo o bueno, o fue correcto,  pero permitió que Asoreth se enterara de lo que estaba pasando y quizá vendría por mí.

Pude ver el dolor del su alma al enterarse de la cruel noticia, vi como lloró de tristeza, se rompió su corazón hasta tal punto que el sol del arte abandonó su corazón y no volvió a escribir, pero a pesar de su dolor ella juraba que yo no había muerto que yo viviría en su corazón y que nos volveríamos a encontrar en la vida que sea,  ella me pidió una prueba de que yo sabía lo que ella sentía y pensaba y sin querer pude tocar su teclado y borre todos los mensajes que yo le había enviado a su buzón electrónico, ella sabe que esa fue una prueba de que yo siempre estaré esperándola y amándola más allá de la vida y de la  muerte.

Me hizo muy feliz saber que ella escribió su libro y le puso el nombre que yo le sugerí, “A tu nombre” , el que me lo dedico a mi, por que ella es y siempre será el amor de mi vida y yo su alma gemela.



¿Y ahora?, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿A dónde voy a ir si mi cuerpo ya esta enterrado bajo una inhumana y fría loza?

Asoreth, solo sé que te esperando más allá de ésta vida y de la muerte, como quedó escrito en nuestro pacto.


Asoreth Becsi







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