domingo, 6 de marzo de 2016

El amor más allá de la muerte







Era el mes de diciembre soplaba un  viento frío, que calaba hasta los huesos, Ana era una mujer taciturna, vestía unas botas negras y un abrigo forrado de lana de alpaca, con una bufanda que le cubría el  rostro y que solo le permitía ver sus grandes ojos negros, había salido de su trabajo y se disponía a tomar el autobús que le llevaría hasta su hogar  el que está a una hora de distancia de aquel sitio,  en la estación del metro había mucho movimiento pese al intenso frío, propio de diciembre, sin embargo algo le inquietaba, se subió al autobús se sentó al final y volvió a encontrase frente con aquella mirada seductora felina, inquietante, hasta libidinosa  como de un animal salvaje, una mirada que le quitó el aliento, le hizo sentir un hormigueo , un sinfín de mariposas volando dentro de su cuerpo, sensación que nunca jamás había experimentado.

¿Que era ese sentir intenso, que se apodero de su ser? 

¿Porque lo había provocado un ser  al que ella siente haberlo conocido toda una vida.?

Una mirada que invitaba a una noche  perversa,  Ana, bajaba la mirada  sin embargo no se resistía a dejar de sentir aquella sensación extraña complaciente y mágica, que un ser desconocido la hizo conocer en un instante que se transformó en eternidad, una sensación de querer morir entre sus brazos, olvidándose del mundo, olvidando que se encontraba en un autobús.

No se había dado cuenta de que el tiempo había transcurrido,  ya que para ella era como si se hubiese detenido el tiempo, ella descendió por las escalinatas de vehículo, estaba confusa, desconcertada, azorada, obnubilada, caminó unas dos cuadras con la mirada perdida ensimismada en su pensamiento; llegó a  su  departamento, abrió la puerta e ingresó como una autómata, no creía lo que le había sucedido, ella que hace muchos años que no había sentido nada  por nada ni por nadie, hasta había dejado de creer en el amor.

Dejó su cartera sobre el diván, colgó su abrigo, se sacó sus zapatos y se dispuso a tomar un té, toda la noche lucho contra un insomnio, porque sentía una sensación indescriptible, un hormigueo, en su cuerpo, en su alma,  al recordar esa mirada penetrante que se quedó tatuada en su alma.  

Al día siguiente muy temprano salió y su día transcurrió en sus actividades cotidianas que abruman y que hacen sentir el peso e la vida, a la hora de siempre se disponía a tomar el autobús en la misma parada de siempre, y de repente sintió esa mirada escrutadora, inquisidora, que le desnudaba hasta el alma, era el hombre que había trastornado sus esquemas, con una sola mirada.

Tomaron el metro y no se dijeron una sola palabra, no era necesario porque solo hablaba el lenguaje de la  química del cuerpo del alma, del sentir basto y eterno,  la mirada una caricia sublime, divina aun que no se digan nada.  

Juntos se bajaron en la misma estación y sin decir nada se tomaron de las manos, llegaron a su departamento ella metió la  mano en la bolsa y sacó una llaves, el con sutileza extendió la mano tomó la llave y abrió  la puerta  principal, ingresaron a su departamento que tenía una tenue luz con la que solo podía apreciar la sombra de su esbelto cuerpo,  había un sentimiento intenso, profundo, como si los dos  hubieran sido edificados antes de su nacimiento, ella sin esperar nada, deja caer su vestido negro, quedando su bronceado cuerpo  descubierto, invitándolo a perderse en él en un momento eterno, sus ojos destellaban miradas de deseo de lujuria incontenida sus ansias le exigían ser devorada por ese ser intenso, mientras que él, como un animal salvaje, preso de un sentimiento básico incontrolado paseaba sus manos por  cada espacio de su cuerpo,  parecía que ése tiempo solo era para eso estaban embrujados poseídos por un cúmulo de sensaciones desconocidas, dulcemente  perversas, temidas y a la vez  anheladas, era una pequeña y callada muerte, se amaron con pasión y desenfreno hasta que juntos tocaron la arena donde la semilla germina, en donde está el génesis y la consumación del amor, hasta el amanecer del día siguiente, en el que ella estaba tan exhausta, pero plena, satisfecha,  pues había tenido una sensación indescriptible antes nunca experimentada  por su cuerpo, por su alma y le vio a él marcharse sin que haya dicho una sola palabra, solo sintió que se llevó en el alma su esencia, ella estaba segura de que volvería a verlo en la vida que fuese.

Ana esperaba todas las tardes con ansias  en la estación, poder volver a ver aun que sea por una última, vez la mirada que había subyugado su alma. había transcurrido un año de aquel bello momento.

Un tarde de diciembre alcanzó a divisar una fotografía en un diario amarillento que sostenía  en sus manos un hombre pequeñito sonriente; ella le solicito al señor que le regalara el retazo de aquel diario que con mucho agrado  aceptó el pedido hecho por ella.

Era la fotografía del é!

De aquel que amó como jamás lo había hecho, aun que nunca supo ni siquiera su nombre.

El, era el amor de su vida !  

!!El amor de todas sus vidas!!  

Ana, estaba segura de eso.

En el camino a casa,  que por cierto, ésta vez se le hizo eterno, su cuerpo y su alma  temblaban de emoción,  su corazón se le salía del pecho,   y cuando llegó a su apartamento tomó sin pérdida de tiempo el teléfono y luego de haber revisado ese diario llamó al número 104 pidiendo información de un número que se encontraba en la página, sin esperar nada tomó un taxi se bajó en aquella vivienda que marcaba la dirección indicada, su mano temblorosa pulsó un  timbre de aquella puerta y de pronto se abrió y salió una mujer con mirada tierna  y cabello plateado, con una voz dulcemente triste.

¿Que es lo que busca preguntó ? aquella viejecita,

Ella le extendió el diario y le dijo, busco a éste hombre!

La señora se quedó petrificada y con lágrimas en los ojos que bañaban su rostro le respondió,

¡ A él nunca podrá Usted verlo!,  

Era mi hijo, mi hijo adorado mi único hijo , el  hijo de mis entrañas, sollozó la anciana.



¿Y por qué no puedo verlo:.?  

¡ Insistentemente preguntó Ana!

La viejita respondió: Porque  él murió hace cinco años, en un accidente aviatorio, era piloto de la fuerza aérea y su avión se estrelló en un risco junto al mar, que era cómplice de sus anhelos y de sus ansias infinitas.

Ana sintió correr un escalofrío intenso por sus venas, no podría creer lo que decía, porque ella había sentido como  corría  la sabia del amor intensamente por sus venas,  su madre le hizo pasar y le indicó un álbum de fotografías en las que él aparecía, no había duda era el hombre que aun que tarde le hizo sentir lo que nadie lo había hecho,  al día siguiente muy temprano con prisa  fue al cementerio a donde descansaban sus restos y,   oh!! Que sorpresa!! 

Encontró una rosa roja con una tarjeta que decía …

”De Francesco …  para el amor de todas mis vidas”;

Ese  fue el único recuerdo que le quedó de aquel bello momento, y aun que nunca  supo ni su nombre, él fue quien la hizo sentir que la amó, como en la vida nadie lo había hecho.


Asoreth Becsi

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